sábado, 14 de febrero de 2026

La encinona.


Hoy la carretera ha cambiado, la trazada no es la misma pero hasta no hace muchos años, camino de Alburquerque y poco antes de llegar a los Manantíos había una larga curva a derechas y en sentido contrario a su misma altura, una gran encina, muy grande, para mi siempre fue y será la "encinona". 

Esa encina forma parte de la historia de mi familia, de mi vida. Hace cerca de setenta años pues aún no había nacido yo, en aquel punto y a la sombra de aquella encinona estaba parado mi abuelo Porras subido a un carro del que tiraban dos mulas y tumbada sobre la plataforma, iba mi abuela Rosario medio tapada con una manta. Era su último viaje. Mi abuelo la llevaba a morir al pueblo, a su casa. Tenía sólo 48 años.

Allí fue, allí  mismo, allí se cruzaron con mi padre y mi tío Pepe que caminando volvían del campo hacia Valdespinar. Allí se despidieron de ella para siempre.

Unos años después, yo tendría unos ocho o nueve más o menos, un día por la mañana me llevó mi padre hasta allí, aparcó bajo la encina y sentados en un cancho, con poco disimulables lágrimas de pena y emoción me contó la historia.

Hoy, 55 años más o menos después de aquella mañana de lágrimas y silencios sigo recordando con total exactitud la curva de la encinona y cada vez que pasamos por allí se lo comento a quien me acompañe, me da lo mismo que la carretera haya cambiado, que la trazada no sea la misma pero allí, a menos de 50 metros sigue la encina, en medio de la curva que hoy no existe, en el lugar donde mi padre dijo adiós a su madre para siempre.

Así pasen los años la encinona vivirá conmigo, forma parte de la historia de mi vida, de mi familia y de mi.


viernes, 2 de enero de 2026

Hasta el infinito.



Me pasaría la vida escuchando a mis mayores, de hecho cuando estoy en el pueblo pongo contra la pared a mi tío Foro, lo acorralo y no le suelto. Tengo que reconocer que mi enganche merece una orden de alejamiento de mi pasado, me sé de memoria la historia de mi familia por lejana que sea, me sé mi vida y sus orígenes.

Hoy he disfrutado de ello con mi madre, antes lo hacía con mi padre pero al pobre ya no le deja el Alzheimer, aunque yo le hablo de ello cada día, para nada pero lo hago y haré hasta el fin.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, los dos solos, como a los dos nos gusta. Tiene casi noventa años, no sabe dónde deja la mitad  de las cosas  pero afortunadamente tiene una memoria lejana impresionante, hablar con ella de aquello es una gozada. No le pregunto nada, ella me lo cuenta todo. Con pelos y señales.

Mi madre es maravillosa, me habla de su vida siempre con la broma en la boca por duros que pudieran resultar algunos de sus pasajes. Bastaba que mi bisabuela Faustina fuera madre soltera para que a ella le preguntaran por su abuelo, crueldades de la época que recuerda sonriendo. Me habla de cuando niña estuvo en Covacha, de cuando de moza sirvió durante siete años en casa de Don Pedro Campos Cordero de "Los Cachorrilla" a quien todavía hoy se refiere como "Su amo" y de los que habla maravillas, me dice que vivía frente al pozo de la Puertita. Me habla de las 75 pesetas que ganaba al mes, de cuando "su amo" fue a Madrid y se acercó a ver a mi padre que prestaba el Servicio Militar en "El Goloso" y le llevó de su parte un paquete de "caldo de gallina", del toquillón que compró a su madre con su primer sueldo para que se abrigara mientras la esperaba en el baile al que "lógicamente" le acompañaba y no dejaba ir sola, me habla su estancia en Valdespinar recién casada, del chozo donde vivían, me lo cuenta todo, lo duro y lo blando, lo dulce y lo amargo pero lo hace sin rencor, sin pena y con una sonrisa.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, de Porras y Arreciós, de Pineas y Quirinas, de bisabuelos, abuelos, tíos y primos, de su infancia, su noviazgo, su vida y nuestra historia. Mis orígenes. La historia de una familia muy humilde, modesta y sencilla de la que siento un orgullo que va hasta el infinito, y más allá.

Mi madre es maravillosa.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Sanvi de mi alma.


Ansioso los he buscado que nadie los ha visto
he recorrido al pueblo, de la Corredera al Cristo,
bajando de la ermita, pasando por la Nora,
en la Peñita pregunté con prisa y sin demora,

Pasé por los Mesones, el Coso y Ramón Camisón,
Trajano, Soledad y la calle de San Ramón
San Vicente de mi alma,. todo es poco y no te miento
guardián de mis aromas, pintor de mis recuerdos
y pureza de sentimiento.




miércoles, 26 de noviembre de 2025

De beso en beso



Los aromas te permiten tocar lo sensorial, encender la luz de lo invisible en la memoria, decorar los recuerdos con una sonrisa en el rostro y sentir de nuevo aquellos besos de metralleta.
 
Son sitios con íntima y permanente fragancia, sones olvidados que reverberan la esencia de una vida pasada, de un presente nostálgico de aquellos felices años donde nadie faltaba.

Huele a churros en la Travesía, a los dulces de Charo, a pan caliente del Horno de Cabeceras, a las tapas de El Litri, a pimientos asados y pollo frito de mi abuela, sólo hay que abrir la ventana del alma, cerrar los ojos y respirar hondo, dejar que los aromas invadan lo más profundo de ti. 

Atraviesa la cortina, entra, cierra los ojos y respira. Sonríe, allí están los tuyos, no falta nadie, mi tía Agustina tras la barra del tomba, Tía Mari Juana sonriéndome, mi tío Luis en su Land Rover, mi tía Cruz sentada en el zagüan de su tienda, entra, pasa y ve de casa en casa, de beso en beso. Allí están todos.

Nada ha cambiado, sólo los personajes, allí sigue mi historia, anclada en el hoy, dentro de mi, un sentimiento al pairo de los aromas que alimentan mi pasado.

Vivir mi pueblo, de casa en casa, de beso en beso.


 

viernes, 17 de octubre de 2025

Mirando al cielo


Acabo de regresar, he estado alli un mes revisando el estado de mis recuerdos, compartiendo memoria con mi familia y amigos hasta ratificar lo que siento y desde siempre pienso...

Las personas somos de donde nacen sus lágrimas de emoción, donde paren sus recuerdos, brotan sus aromas y se siente el calor del amor, nunca de otro lugar. La memoria es su historia, versos sin rima plasmados con tinta indeleble en el alma.

Siempre son los lejanos, aquellos actos, sonidos y alegrías de una infancia sin prisa, los que emanan de los poros cuando el bello está de punta, los que no engañan. Los que embargan la garganta en su narrativa, los que me cuenta mi tío Foro una y otra vez y no me canso de disfrutar.

Los momentos de hoy ya no caben en la edad, están frescos y el tiempo por vivir no da para que el poso del polvo los conserve en la memoria, no pasarán de la reciente. Las estanterías están repletas y no hay tiempo ni sitio para más, están llenas de vida, alegría y ausencias presentes en mi. No da para más.

Cada balda es única, allí está la porrina de la Travesía, la tina en la cabeza de mi abuela, su mandil a cuadros grises, el cepillo amarrado al palo de blanquear, la artesa de corcho para la matanza, la pila de lavar, la brocha de afeitar de mi abuelo, el brasero de picón y el espejo colgado en el patio. No hay sitio para más.

En la del medio, el chorrino de agua frente al tinao que va llenando la tinaja, mi abuela y yo sentados en un cancho mirando a la lejanía, con la marca de su aspereza en mis piernas, emocionado con una espada de madera en la mano que me ha hecho mi tío Chiripa para defenderla de los gruñidos cochineros. Por ella daría mi vida.

En la de ahí arriba están los higos chumbos que me pelaba con un trapo mojado frente a la casa de mi tía Paula, mis primas Tini y María sentadas en la puerta, los caquis, las brevas, los cochinos, la ermita, el transistor blanco Sanyo que trajo mi tío Domingo de su mili en Melilla colgado de una punta en la pared del zaguán, la mesa camilla redonda con tapete de ganchillo blanco y el botijo sudao. Mi abuela tiene que estar en la cocina porque huele a pimientos asados. El gallo está azul así que va a hacer bueno. La puerta de casa siempre abierta por su mediana de arriba, voces que al paso entran,... "buenos días Andrea"!!!, otras que salen "Adiós Toli, que tal tu madre??!!!! y eso era así, todos los días de la eternidad de mis recuerdos. Esta llena la balda.

Por arriba hay más mucho más, desde aquí veo la cuba de goma con restos de masa seca donde posa la herramienta mi abuelo, la higuera del patio, cuatro o cinco gallinas, una escopeta de aire comprimido para matar pajarillos, la red para cazar ranas, un equipaje del Madrid y la bici de mi abuelo. 

Hay más, más arriba hay muchísimos más recuerdos, los recados al Litri para rellenar de vino la botellina forrada con esparto para mi abuelo, esa botella un día contuvo moscatel. Mi familia, ni inacabable familia, todos están allí, hay que mirar al cielo para verlos pero ahí están, en la balda superior de mi memoria.

Mirando al cielo.

Foto: Calle San Ramón 15, la que un día fue la casa de mis abuelos "Porras". 

martes, 2 de septiembre de 2025

Muy simple.



Que no dudo que la pasión por mi tierra y mis orígenes puedan distorsionar mi objetividad, pero no creo, la flor de piel no engaña. Yo procedo de un lugar donde es impensable cruzarte con una persona en una calle desierta y no practicar la antigua y sana costumbre de saludar y dar los buenos días, donde se besa en vez de poner la cara y se pregunta ¿Cómo estás? con interés por saber cómo estás.

Un lugar donde las cosas conservan su sabor, se valora lo importante, se piensa en disfrutar y se disfruta sin pensar.

Así de fácil.

domingo, 24 de agosto de 2025

Ganas a la vida.


Pelete, falagao y pitera, arrecío, cachaza y gandalleo, lambucero, pámpana y porrina. Ya me está llegando, me va oliendo a bollos y churros, ya escucho la voz de las paredes, de la cal y las puertas viejas, marrones, mediadas, con gatera y pasador.

Suenan las canicas, los sueños y las risas del jugar, la cadena de la bici, la magia de mi abuela, el querer a morir, el aroma a ojos cerrados, la danza de los recuerdos, el bienestar de estar bien, a gusto con quién eres y de dónde vienes, de un lugar que pone ganas a la vida.