lunes, 13 de abril de 2026

No es lo mismo.



No es lo mismo, ni parecido siquiera. Una pareja de amigos acaba de venir de recorrer buena parte de nuestra tierra siguiendo el itinerario que le aconsejé y que diariamente revisabamos por teléfono. Evidentemente y como no podía ser de otra forma, se ha alojado unos días en el pueblo y lo ha conocido. Desde allí ha visitado Chandavila, El Marco, La Codosera, Valencia, Castelo, Marvao etc...  Ha venido encantado, no conocía Extremadura, nunca la había visitado y mucho menos nuestra comarca.

Ayer me llamaron y estuve con ellos, en la charla les noté muy entusiasmados con lo que han visto, conocido y sentido, pero lo que más me ha llenado es lo que me ha comentado sobre la gente extremeña, sobre los míos. Más hinchado que un pavo estoy.

El caso es que ha tenido el detalle de traerme algo de chacina, queso y bollos del pueblo.Son bocados de memoria, sabor a mi niñez, está todo buenísimo pero, no es lo mismo, es muy diferente..., le falta el aroma, la vista desde de la ermita, el tacto del bornizo, la voz cantarina, las sonrisas de mis amigos, el calor de mi familia y la esencia. Le falta lo más importante, está muy buena pero le falta todo.

Está muy rico todo, no lo puedo negar, pero donde mejor sabe es allí, en el origen del sentimiento, disfrutándola tras un paseo por las Cabeceras, un café en el Litri o una caminata con mi primo Sebe, después de una charla con mi tío Foro, una cerveza con mi amigo "Pampli" o al salir del taller de mi primo Esteban.

No tiene nada que ver, la chacina está muy rica, el queso espectacular y los bollos deliciosos pero, no es lo mismo. Allí es diferente, todo es diferente.


sábado, 14 de febrero de 2026

La encinona.


Hoy la carretera ha cambiado, la trazada no es la misma pero hasta no hace muchos años, camino de Alburquerque y poco antes de llegar a los Manantíos había una larga curva a derechas y en sentido contrario a su misma altura, una gran encina, muy grande, para mi siempre fue y será la "encinona". 

Esa encina forma parte de la historia de mi familia, de mi vida. Hace cerca de setenta años pues aún no había nacido yo, en aquel punto y a la sombra de aquella encinona estaba parado mi abuelo Porras subido a un carro del que tiraban dos mulas y tumbada sobre la plataforma, iba mi abuela Rosario medio tapada con una manta. Era su último viaje. Mi abuelo la llevaba a morir al pueblo, a su casa. Tenía sólo 48 años.

Allí fue, allí  mismo, allí se cruzaron con mi padre y mi tío Pepe que caminando volvían del campo hacia Valdespinar. Allí se despidieron de ella para siempre.

Unos años después, yo tendría unos ocho o nueve más o menos, un día por la mañana me llevó mi padre hasta allí, aparcó bajo la encina y sentados en un cancho, con poco disimulables lágrimas de pena y emoción me contó la historia.

Hoy, 55 años más o menos después de aquella mañana de lágrimas y silencios sigo recordando con total exactitud la curva de la encinona y cada vez que pasamos por allí se lo comento a quien me acompañe, me da lo mismo que la carretera haya cambiado, que la trazada no sea la misma pero allí, a menos de 50 metros sigue la encina, en medio de la curva que hoy no existe, en el lugar donde mi padre dijo adiós a su madre para siempre.

Así pasen los años la encinona vivirá conmigo, forma parte de la historia de mi vida, de mi familia y de mi.


viernes, 2 de enero de 2026

Hasta el infinito.



Me pasaría la vida escuchando a mis mayores, de hecho cuando estoy en el pueblo pongo contra la pared a mi tío Foro, lo acorralo y no le suelto. Tengo que reconocer que mi enganche merece una orden de alejamiento de mi pasado, me sé de memoria la historia de mi familia por lejana que sea, me sé mi vida y sus orígenes.

Hoy he disfrutado de ello con mi madre, antes lo hacía con mi padre pero al pobre ya no le deja el Alzheimer, aunque yo le hablo de ello cada día, para nada pero lo hago y haré hasta el fin.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, los dos solos, como a los dos nos gusta. Tiene casi noventa años, no sabe dónde deja la mitad  de las cosas  pero afortunadamente tiene una memoria lejana impresionante, hablar con ella de aquello es una gozada. No le pregunto nada, ella me lo cuenta todo. Con pelos y señales.

Mi madre es maravillosa, me habla de su vida siempre con la broma en la boca por duros que pudieran resultar algunos de sus pasajes. Bastaba que mi bisabuela Faustina fuera madre soltera para que a ella le preguntaran por su abuelo, crueldades de la época que recuerda sonriendo. Me habla de cuando niña estuvo en Covacha, de cuando de moza sirvió durante siete años en casa de Don Pedro Campos Cordero de "Los Cachorrilla" a quien todavía hoy se refiere como "Su amo" y de los que habla maravillas, me dice que vivía frente al pozo de la Puertita. Me habla de las 75 pesetas que ganaba al mes, de cuando "su amo" fue a Madrid y se acercó a ver a mi padre que prestaba el Servicio Militar en "El Goloso" y le llevó de su parte un paquete de "caldo de gallina", del toquillón que compró a su madre con su primer sueldo para que se abrigara mientras la esperaba en el baile al que "lógicamente" le acompañaba y no dejaba ir sola, me habla su estancia en Valdespinar recién casada, del chozo donde vivían, me lo cuenta todo, lo duro y lo blando, lo dulce y lo amargo pero lo hace sin rencor, sin pena y con una sonrisa.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, de Porras y Arreciós, de Pineas y Quirinas, de bisabuelos, abuelos, tíos y primos, de su infancia, su noviazgo, su vida y nuestra historia. Mis orígenes. La historia de una familia muy humilde, modesta y sencilla de la que siento un orgullo que va hasta el infinito, y más allá.

Mi madre es maravillosa.