domingo, 23 de agosto de 2026

Silencios a todo volumen


Pisar el pueblo es poner los pies en el suelo, encender la memoria y sentir a detalle. Llegarse a la ermita, sentarte en un cancho y subir a tope de volumen de los silencios. Allí escucho las choques de las canicas en el Cristo, el bullicio en el Valle del Medio, las llamadas de mi abuela para merendar, sus saludos desde la puerta de casa a su hermana Paula, todos ellos sonidos entrañables en un tiempo de calidad.

Allí escucho mi pasado, mis raíces y el origen de todo, el tacto de unas manos trabajadas y siempre húmedas, allí vuelvo a ver a mi abuela entrando al tinao, con un trapo mojado en el mandil y el pañuelo recogido en la manga, con su permanente sonrisa, su alegre y cantarina voz, allí siento sus besos de metralleta que entonces no supe apreciar y hoy tanto recuerdo.

El mundo es muy grande pero allí es donde más cerca estás de ti, en el lugar donde todo empezó, donde el sentir se sabe de memoria el camino y el corazón baila con la música más hermosa del mundo, la de los silencios a todo volumen.