lunes, 21 de septiembre de 2026

No me da la vida.



Salgo de casa del Spar, aprovecho para públicamente confesar que estoy deseando ir a los "mandaos". Nada más salir por la puerta y sin haber aireado todavía la colonia me encuentro de morros con mi amiga Mati a la que precede su carrito de la compra, curiosa forma de llevarlo, charla de rigor, su sonrisa de comodidad obliga. Nos despedimos y seguimos cada uno su camino, menos de veinte metros de la siguiente parada, mi tía Toñi repite escena, el respeto a la jerarquía se impone y la charla es obligada, aparte de deseada, le pregunto por mi tío que está con molestias y demás.... En eso pasan mis primo Quini y Maruchi y me pitan con el coche, saludo a voces con el mutuo gesto de vernos para tomar algo juntos a mediodía. Por la otra acera pasa mi prima Teresa diciéndome adiós con la mano, preciosa su sonrisa.

Llegando a El Llano me encuentro con Dieguito, a éste hombre le cortaba el pelo de pequeño mi abuela Rosario aparte de tener mucha amistad con mi familia, rebosa cariño. Hablamos de su hermano, del sobrino, las ovejas y muchos temas más. Mientras nos saludamos veo pasa a mi amigo Melón que maliciosamente me sonríe, ya sé lo que está pensando... "cómo te gusta el lambuceo macho..." , pues si, no lo puedo negar.

Me vibra el móvil, es mi primo Sebe, me manda un "guasap". Es un crack, uno de los grandes descubrimientos personales, por circunstancias nos hemos puesto cara después de casi una vida y tengo la impresión de conocerle de siempre. Lo mejor de lo mejor. Luego le contesto que ahora estoy "liao".

Pasa un coche y pita, otro de mis primos, esta vez "Mimi". Llego al supermercado y antes de entrar tengo que llamar a mi mujer, ya no me acuerdo a lo que iba...
Tras la compra y camino de regreso, mi tío Miguel saliendo de la tienda "tras ordeñar la vaca" carga con una caja de leche, charlamos de salud, triglicéridos y cominera para acabar diciéndome que me vaya a su "campo con él", no puedo, no me da la vida.
Paso por el Patio de Pepe, tengo que ver a mi tío Foro, allí está, desayunando con Mariano y compañía, en otra mesa mi tía Deli a la que me acerco al paso para saludar y dar un beso, en otra mesa está Claudio esperando la llegada de Santi y Juan Antonio para el desayuno diario, Allí me siento. Veo entrar a Maite y Julio, me levanto para saludar. Ahora se impone el cafetín de puchero, yo no tomo porras.

Hay que ir pa casa con el mandao, con el cuento me he tirado una más o menos hora y media para comprar una botella de vinagre y ajos. Al salir me acuerdo que hace mucho que no veo a mi prima Paqui "la de las golosinas", la llamo y está hecha polvo la pobre, tiene la garganta fatal... así que no me cruzaba con ella... me acaba de volver a pitar un coche, no me ha dado tiempo, será otro primo, seguro. Bocina que suena, primo que pasa.

Subiendo las escaleras de casa me llama Meloni, a las dos quedamos cuando regrese Susana de Badajoz... Esto es así, así es la vida. Por cierto, con todas las personas con las que me he cruzado nos hemos dado los buenos días.

Por ahí va Petri, no me había dado cuenta ni tiempo para saludarla. 

Así es la vida en mi pueblo vida en mi pueblo, la vida de verdad, una vida que no me da.

domingo, 23 de agosto de 2026

Silencios a todo volumen


Pisar el pueblo es poner los pies en el suelo, encender la memoria y sentir a detalle. Llegarse a la ermita, sentarte en un cancho y subir a tope de volumen de los silencios. Allí escucho las choques de las canicas en el Cristo, el bullicio en el Valle del Medio, las llamadas de mi abuela para merendar, sus saludos desde la puerta de casa a su hermana Paula, todos ellos sonidos entrañables en un tiempo de calidad.

Allí escucho mi pasado, mis raíces y el origen de todo, el tacto de unas manos trabajadas y siempre húmedas, allí vuelvo a ver a mi abuela entrando al tinao, con un trapo mojado en el mandil y el pañuelo recogido en la manga, con su permanente sonrisa, su alegre y cantarina voz, allí siento sus besos de metralleta que entonces no supe apreciar y hoy tanto recuerdo.

El mundo es muy grande pero allí es donde más cerca estás de ti, en el lugar donde todo empezó, donde el sentir se sabe de memoria el camino y el corazón baila con la música más hermosa del mundo, la de los silencios a todo volumen.


sábado, 13 de junio de 2026

Abuelas.



Por aquel entonces muchas, muchísimas de nuestras abuelas no sabían leer ni escribir, la vida no se lo permitió. Recuerdo que la mía, por la tarde y ya con la fresca, sacaba la silla a la calle y yo, sentado al lado la leía alguna página de cualquiera de las muchas revistas desfasadas en el tiempo que escondía mi tío Faustino en una especie de cuarto que había en el corral y al que se accedía con una escalera de madera que se apoyaba en la pared. 

Mi lectura a aquella edad tampoco creo yo que fuera muy dinámica, pero bien recuerdo que a ella le encantaba, yo la leía siguiendo la línea con mi dedo y ella miraba los "santos" siempre sonriendo, pero a lo que voy... Como mi abuela muchas, no sabían leer ni escribir, eso es así pero nos trasmitieron el mejor de los conocimientos, el de su cultura, la de la sabiduría emocional. Mi abuela Andrea era capaz de hablar sin abrir la boca, de ver sin mirar y sobre todo lo más gracioso, de comer sin dentadura. No la quería ni ver. 

Su titulación pasaba por sus interminables ráfagas de besos de metralleta, su risa desencajada, su permanente alegría, su mandil a cuadros, su siempre húmedo pañuelo multiusos con el que lo mismo te limpiaba la cara que se sonaba los mocos. Sus zapatillas de casa negras, la bata de guata almohadillada y el moño con horquillas que no sé como pero abría con los labios. Su paso siempre ligero, sus manos calientes, su voz cantarina, su fama de buena persona y el amor por la familia la convirtieron en el centro de todos, en el inolvidable y eterno icono familiar.

Nuestras abuelas no sabían leer ni escribir pero tenían educación y la mía marcó mi memoria con la inmortalidad de su recuerdo, en letras doradas, con tinta de dulzura nacida del amor más puro.

Así era ella.

Foto.- Mis abuelos Domingo y Andrea.


viernes, 5 de junio de 2026

Lo importante.



Hoy ha sido una de esas mañanas que nos gustan a los dos, sentados en el salón de casa con tiempo y la tele apagada. Le saqué el tema de la celebración del Corpus en el pueblo, con eso bastó para arrancarla, enseguida me recordó que ese día se me bautizó  y como lo celebraron en familia "jincándose" un gallo que mató mi abuela para la ocasión, no había más, me ha hablado de mil cosas sin orden cronológico, no hacía falta, lo mismo me hablaba de mi tío Chato el carbonero que de la tela que le regaló con Pedro con la que María Juana "la coja" me hizo una "camisina", de la pluma que llevaba en la cabeza en su boda a lo que le gustaban las brevas y los caquis.

De Fernando, el cartero que vendía telas a la primera muñeca que tuvo, una de trapo que le hizo Damiana, la hermana de María, siendo una niña, de como hacía el estraperlo mi abuela Rosario a cómo se transmitía la ropa que se heredaba entre hermanos por razón del  crecimiento. Se ríe del pasado y no me habla de calamidades.

De Horacio, un vecino que se llevó a mi abuelo Porras a trabajar en la Renfe para no ser movilizado e ir a la guerra, para nada porque no le gustó y se volvió al pueblo,  del bebedero de la Pared Nueva donde se cayó de morros mi padre, de la viña del tío Julio, de los dos muchachos que murieron ahogados en la charca, de la "Pelotona", de mi tía Serapia, del tinao y la cochina que no engordaba a la trenza de mi tía Julia. Estábamos disfrutando los dos.

Mi madre tiene casi 90 años y no olvida la historia de su vida, habla con orgullo de la humildad de su familia, de cómo sus padres sacaron adelante cinco hijos, se acuerda de todo, sin cortinas, dudas ni bruma, ahora bien, no le preguntes lo que cenó ayer, eso le da igual, lo importante es lo que importa.

Foto cedida por Fátima Hernández.


sábado, 14 de febrero de 2026

La encinona.


Hoy la carretera ha cambiado, la trazada no es la misma pero hasta no hace muchos años, camino de Alburquerque y poco antes de llegar a los Manantíos había una larga curva a derechas y en sentido contrario a su misma altura, una gran encina, muy grande, para mi siempre fue y será la "encinona". 

Esa encina forma parte de la historia de mi familia, de mi vida. Hace cerca de setenta años pues aún no había nacido yo, en aquel punto y a la sombra de aquella encinona estaba parado mi abuelo Porras subido a un carro del que tiraban dos mulas y tumbada sobre la plataforma, iba mi abuela Rosario medio tapada con una manta. Era su último viaje. Mi abuelo la llevaba a morir al pueblo, a su casa. Tenía sólo 48 años.

Allí fue, allí  mismo, allí se cruzaron con mi padre y mi tío Pepe que caminando volvían del campo hacia Valdespinar. Allí se despidieron de ella para siempre.

Unos años después, yo tendría unos ocho o nueve más o menos, un día por la mañana me llevó mi padre hasta allí, aparcó bajo la encina y sentados en un cancho, con poco disimulables lágrimas de pena y emoción me contó la historia.

Hoy, 55 años más o menos después de aquella mañana de lágrimas y silencios sigo recordando con total exactitud la curva de la encinona y cada vez que pasamos por allí se lo comento a quien me acompañe, me da lo mismo que la carretera haya cambiado, que la trazada no sea la misma pero allí, a menos de 50 metros sigue la encina, en medio de la curva que hoy no existe, en el lugar donde mi padre dijo adiós a su madre para siempre.

Así pasen los años la encinona vivirá conmigo, forma parte de la historia de mi vida, de mi familia y de mi.


viernes, 2 de enero de 2026

Hasta el infinito.



Me pasaría la vida escuchando a mis mayores, de hecho cuando estoy en el pueblo pongo contra la pared a mi tío Foro, lo acorralo y no le suelto. Tengo que reconocer que mi enganche merece una orden de alejamiento de mi pasado, me sé de memoria la historia de mi familia por lejana que sea, me sé mi vida y sus orígenes.

Hoy he disfrutado de ello con mi madre, antes lo hacía con mi padre pero al pobre ya no le deja el Alzheimer, aunque yo le hablo de ello cada día, para nada pero lo hago y haré hasta el fin.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, los dos solos, como a los dos nos gusta. Tiene casi noventa años, no sabe dónde deja la mitad  de las cosas  pero afortunadamente tiene una memoria lejana impresionante, hablar con ella de aquello es una gozada. No le pregunto nada, ella me lo cuenta todo. Con pelos y señales.

Mi madre es maravillosa, me habla de su vida siempre con la broma en la boca por duros que pudieran resultar algunos de sus pasajes. Bastaba que mi bisabuela Faustina fuera madre soltera para que a ella le preguntaran por su abuelo, crueldades de la época que recuerda sonriendo. Me habla de cuando niña estuvo en Covacha, de cuando de moza sirvió durante siete años en casa de Don Pedro Campos Cordero de "Los Cachorrilla" a quien todavía hoy se refiere como "Su amo" y de los que habla maravillas, me dice que vivía frente al pozo de la Puertita. Me habla de las 75 pesetas que ganaba al mes, de cuando "su amo" fue a Madrid y se acercó a ver a mi padre que prestaba el Servicio Militar en "El Goloso" y le llevó de su parte un paquete de "caldo de gallina", del toquillón que compró a su madre con su primer sueldo para que se abrigara mientras la esperaba en el baile al que "lógicamente" le acompañaba y no dejaba ir sola, me habla su estancia en Valdespinar recién casada, del chozo donde vivían, me lo cuenta todo, lo duro y lo blando, lo dulce y lo amargo pero lo hace sin rencor, sin pena y con una sonrisa.

Hoy hemos tenido sesión de sofá, de Porras y Arreciós, de Pineas y Quirinas, de bisabuelos, abuelos, tíos y primos, de su infancia, su noviazgo, su vida y nuestra historia. Mis orígenes. La historia de una familia muy humilde, modesta y sencilla de la que siento un orgullo que va hasta el infinito, y más allá.

Mi madre es maravillosa.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Sanvi de mi alma.


Ansioso los he buscado que nadie los ha visto
he recorrido al pueblo, de la Corredera al Cristo,
bajando de la ermita, pasando por la Nora,
en la Peñita pregunté con prisa y sin demora,

Pasé por los Mesones, el Coso y Ramón Camisón,
Trajano, Soledad y la calle de San Ramón
San Vicente de mi alma,. todo es poco y no te miento
guardián de mis aromas, pintor de mis recuerdos
y pureza de sentimiento.




miércoles, 26 de noviembre de 2025

De beso en beso



Los aromas te permiten tocar lo sensorial, encender la luz de lo invisible en la memoria, decorar los recuerdos con una sonrisa en el rostro y sentir de nuevo aquellos besos de metralleta.
 
Son sitios con íntima y permanente fragancia, sones olvidados que reverberan la esencia de una vida pasada, de un presente nostálgico de aquellos felices años donde nadie faltaba.

Huele a churros en la Travesía, a los dulces de Charo, a pan caliente del Horno de Cabeceras, a las tapas de El Litri, a pimientos asados y pollo frito de mi abuela, sólo hay que abrir la ventana del alma, cerrar los ojos y respirar hondo, dejar que los aromas invadan lo más profundo de ti. 

Atraviesa la cortina, entra, cierra los ojos y respira. Sonríe, allí están los tuyos, no falta nadie, mi tía Agustina tras la barra del tomba, Tía Mari Juana sonriéndome, mi tío Luis en su Land Rover, mi tía Cruz sentada en el zagüan de su tienda, entra, pasa y ve de casa en casa, de beso en beso. Allí están todos.

Nada ha cambiado, sólo los personajes, allí sigue mi historia, anclada en el hoy, dentro de mi, un sentimiento al pairo de los aromas que alimentan mi pasado.

Vivir mi pueblo, de casa en casa, de beso en beso.


 

viernes, 17 de octubre de 2025

Mirando al cielo


Acabo de regresar, he estado alli un mes revisando el estado de mis recuerdos, compartiendo memoria con mi familia y amigos hasta ratificar lo que siento y desde siempre pienso...

Las personas somos de donde nacen sus lágrimas de emoción, donde paren sus recuerdos, brotan sus aromas y se siente el calor del amor, nunca de otro lugar. La memoria es su historia, versos sin rima plasmados con tinta indeleble en el alma.

Siempre son los lejanos, aquellos actos, sonidos y alegrías de una infancia sin prisa, los que emanan de los poros cuando el bello está de punta, los que no engañan. Los que embargan la garganta en su narrativa, los que me cuenta mi tío Foro una y otra vez y no me canso de disfrutar.

Los momentos de hoy ya no caben en la edad, están frescos y el tiempo por vivir no da para que el poso del polvo los conserve en la memoria, no pasarán de la reciente. Las estanterías están repletas y no hay tiempo ni sitio para más, están llenas de vida, alegría y ausencias presentes en mi. No da para más.

Cada balda es única, allí está la porrina de la Travesía, la tina en la cabeza de mi abuela, su mandil a cuadros grises, el cepillo amarrado al palo de blanquear, la artesa de corcho para la matanza, la pila de lavar, la brocha de afeitar de mi abuelo, el brasero de picón y el espejo colgado en el patio. No hay sitio para más.

En la del medio, el chorrino de agua frente al tinao que va llenando la tinaja, mi abuela y yo sentados en un cancho mirando a la lejanía, con la marca de su aspereza en mis piernas, emocionado con una espada de madera en la mano que me ha hecho mi tío Chiripa para defenderla de los gruñidos cochineros. Por ella daría mi vida.

En la de ahí arriba están los higos chumbos que me pelaba con un trapo mojado frente a la casa de mi tía Paula, mis primas Tini y María sentadas en la puerta, los caquis, las brevas, los cochinos, la ermita, el transistor blanco Sanyo que trajo mi tío Domingo de su mili en Melilla colgado de una punta en la pared del zaguán, la mesa camilla redonda con tapete de ganchillo blanco y el botijo sudao. Mi abuela tiene que estar en la cocina porque huele a pimientos asados. El gallo está azul así que va a hacer bueno. La puerta de casa siempre abierta por su mediana de arriba, voces que al paso entran,... "buenos días Andrea"!!!, otras que salen "Adiós Toli, que tal tu madre??!!!! y eso era así, todos los días de la eternidad de mis recuerdos. Esta llena la balda.

Por arriba hay más mucho más, desde aquí veo la cuba de goma con restos de masa seca donde posa la herramienta mi abuelo, la higuera del patio, cuatro o cinco gallinas, una escopeta de aire comprimido para matar pajarillos, la red para cazar ranas, un equipaje del Madrid y la bici de mi abuelo. 

Hay más, más arriba hay muchísimos más recuerdos, los recados al Litri para rellenar de vino la botellina forrada con esparto para mi abuelo, esa botella un día contuvo moscatel. Mi familia, ni inacabable familia, todos están allí, hay que mirar al cielo para verlos pero ahí están, en la balda superior de mi memoria.

Mirando al cielo.

Foto: Calle San Ramón 15, la que un día fue la casa de mis abuelos "Porras". 

martes, 2 de septiembre de 2025

Muy simple.



Que no dudo que la pasión por mi tierra y mis orígenes puedan distorsionar mi objetividad, pero no creo, la flor de piel no engaña. Yo procedo de un lugar donde es impensable cruzarte con una persona en una calle desierta y no practicar la antigua y sana costumbre de saludar y dar los buenos días, donde se besa en vez de poner la cara y se pregunta ¿Cómo estás? con interés por saber cómo estás.

Un lugar donde las cosas conservan su sabor, se valora lo importante, se piensa en disfrutar y se disfruta sin pensar.

Así de fácil.

domingo, 24 de agosto de 2025

Ganas a la vida.


Pelete, falagao y pitera, arrecío, cachaza y gandalleo, lambucero, pámpana y porrina. Ya me está llegando, me va oliendo a bollos y churros, ya escucho la voz de las paredes, de la cal y las puertas viejas, marrones, mediadas, con gatera y pasador.

Suenan las canicas, los sueños y las risas del jugar, la cadena de la bici, la magia de mi abuela, el querer a morir, el aroma a ojos cerrados, la danza de los recuerdos, el bienestar de estar bien, a gusto con quién eres y de dónde vienes, de un lugar que pone ganas a la vida.

viernes, 31 de marzo de 2023

Mecedora de aromas.

Que dice mi mujer que me estoy haciendo mayor, será eso, el caso es que los aromas de mi pueblo mecen dulcemente entre imágenes deshilachadas que se mezclan sin aparentemente nada que ver. Pan caliente entre las manos frente a casa de mi tía Paula, una tina de barro en la cabeza de mi abuela, una garrafilla que cada día va y viene al Litri y que un lejano día contuvo vino dulce, un mechero azul flaminaire que trajo de mi tío Domingo de la mili para mi abuelo. Un sol y sombra, una bolsa de goma con agua caliente, un As Color de mi tío Julio con Di Estéfano en la portada, una pesada bicicleta con huellas de mis rodillas, un balón de reglamento, un equipaje del Madrid, una petaca de cuero tan sobado que parece negra, una brocha de afeitar y el dulce olor a churros en la Travesía.
Un candil de aceite, un transistor Sanyo de color blanco colgado en la pared, un brasero de picón donde revolver, un botijo que suda, una tabla de madera para lavar, un molinillo manual de café, una artesa de corcho suave, como lijado por los años, una palancana blanca descastarillada, un tapete de ganchillo, un orinal bajo la cama, una sartén grande y profunda con el mango muy largo, una romana oxidada, un estropajo de esparto y una pastilla seca de jabón Lagarto sobre la pila.
Mi pueblo es una mecedora donde imágenes y aromas bailan a lo "agarrao" con mi memoria sin más música que la de los recuerdos.
Y nada, que dice mi mujer que me estoy haciendo mayor, pues vale, será eso..



domingo, 19 de marzo de 2023

Una vida sin dinamo.


Aquellas bicicletas pesaban más que un cochino. En casa teníamos una de color indefinido entre óxido, marrón y rojo viejo. La usaba mi abuelo para ir a trabajar, pesaba tanto que cualquiera diría que la había parido la forja de mi tío Esteban.

Yo no llegaba del sillín al recorrido bajo de los pedales lo que me obligaba a meter medio cuerpo bajo la barra del cuadro y recuerdo que le soltaba la dinamo para que corriera más, aún no me explico como no nos partimos la crisma bajando medio torcidos a lo que daba la gravedad por el empedrado de Las Cabeceras al Cristo, nada nos pasó nunca, algún que otro porrazo de vez en cuando y a bajar otra vez. Lo de subir era ya otra historia, la perspectiva era diferente y la pendiente mucho mayor.

La vida era entrañable, la señora Ana nos nacía el avituallamiento, su puerta siempre estaba abierta, allí entrábamos y salíamos como si fuera nuestra casa, de hecho, en su poyo de los asaos, entre sudores y carreras saciábamos la sed y la buena mujer a sabiendas de ello, nos dejaba sobre la corcha el cazo dispuesto, uno para todos y todos a beber de uno, nada pasó nunca, nada nos pasaba más allá que alguna que otra cagalera.

Cuando no nos jugábamos el pellejo nos apostábamos un chicle a ver quién escupía más lejos, jugando a los boliches o haciendo mandaos a dos pesetas buscando poleo o pillando higos. Creo que a la vida le gustábamos, de hecho, jugaba alegre con nosotros a vivir.

Peletes en la pila nos frotaban las rodillas con estropajo de esparto, o quedabas limpito o mudabas la piel y nada nos pasaba. Hacíamos guerras con tirachinas y nada nos pasaba, alguna que otra pitera y poco más.

Creo que vivíamos otra vida, aquella vida era diferente y nunca pasó nada, nada nos pasaba y eso que vivíamos sin dinamo.

jueves, 9 de marzo de 2023

Cosas Chulas.


Recuerdo que en casa de mi abuela había muchas cosas chulas, era un auténtico castillo. Recuerdo un botijo de barro sobre un platillo de esos en los que ponía "Recuerdo de no sé dónde", una mesa camilla con tapa de ganchillo y por abajo un brasero de picón con dos asas y una paleta de hierro para "revolver".

Había un calienta-camas de goma de color azul, una virgen dentro de una bola de cristal que si le dabas la vuelta veías nevar, una radio con botones y una rueda a cada lado, una plancha de hierro, un candil de aceite con mecha de "palomilla" y un cajón con velas usadas.

En un trastero del patio al que se accedía por unas estrechas escaleras había un baúl de madera que nunca abrí, muchas revistas viejas, una romana de cadena, una cesta de goma de mi abuelo con un martillo sin palo, un hacha oxidada, una paleta, varias cajas con clavos y un par de llanas viejas. En lo alto de un armario recuerdo mucha herramienta que no sé para qué valdría y un viejo balón de reglamento desinflado.

En el patio, sobre una balda a la altura de la pila de piedra había una palancana blanca descascarillada con una pastilla de jabón "Lagarto" en su interior, una cuchilla de afeitar de color bronce que se abría y cerraba con un mango a rosca y una brocha de pelo con mango de nácar blanco. Muy chula. Había también una muy usada tabla de madera para lavar y un cepillo para blanquear atado a un palo con restos de cal blanca que a mí me parecía muy largo.

Había muchas cosas chulas en casa de mi abuela.


jueves, 2 de marzo de 2023

Entre el grifo y la tinaja.


La luz de mi infancia es mi abuela, mi cielo azul. Sentados en el cancho, entre el grifo, la tinaja y el tinao. Ella se suena la nariz, se guarda el pañuelo bajo la manga y me sonríe en silencio. Yo la escucho atentamente.

Es un lugar lejano que está aquí al lado, un sitio donde mirar las sombras de cielos pasados, otros cielos, donde observar el vuelo del milano haciendo coro al viento entre las ramas de los eucaliptos y el canto de la cutubía.

El tiempo, por mucho que sople no borra los aromas. Aquel cancho huele a restos de sandía y peladuras de melón, a higos chumbos y sobras para los cochinos, a viejas paredes que desprenden polvo de yeso, a corcho y a pan del horno de las Cabeceras. Son olores en la memoria que cubren mis alvéolos cerebrales, recuerdos que me ciegan la salida.

Hoy, caminando entre letras rodeo el mundo y me doy contra mi espalda que sigue allí, en aquel cancho, ignorando el vértigo del tiempo pasado. Y vuelvo a allí, y siempre me mece, y puedo sentarme en él y escuchar la única verdad, la grande, la que busco, la necesaria para vivir y que no es otra que sentir su regazo para posar mi cabeza y que me rasque. No necesito entender las cosas, solo sé que quiero recordar entre el terror al olvido para intentar seguir siendo yo, para seguir escuchando con atención por siempre su silenciosa sonrisa.

domingo, 19 de febrero de 2023

Condiós!


Durmiendo lo recordé esta noche... Condiós Pinea!!, al pasar por La Pared Nueva, frente a la cancilla del tinao que fue de mi abuelo Porras me tropecé con Don Antonio, un hombre ya muy mayor, pequeñito, enjuto y entrañable que me conoce desde niño y hemos estado hablando de todo y de nada, enreando entre el pasado, la familia y demás.
Me senté a su lado y aunque en principio solo traté de ser amable, al verme envuelto en ese lenguaje que hace muchos años se perdió en mi,  al escuchar de nuevo "mangajón", "mostrenco" "pejiguera", "bindonga", esas expresiones tan de los míos y su manera de usarlas, me han arropado, me he sentido en un lugar calentito, cómodo. He vuelto durante un ratino a la luz de mi infancia, al olor de la colonia de tío Domingo y el pollo frito de mi abuela Andrea, a la cocina de picón, al guá en las Cabeceras y las golosinas en el Cristo, en esos lugares donde fui feliz de la manera natural y despreocupada que lo somos de niños.
Son conversaciones a gusto y gustosas, de las que te adormecen el cerebro a base de calma en la palabra y paz en la intención. 
Y eso, que está bien recordar en sueños y sentirse en casa de vez en cuando. Aunque estemos lejos.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Viendo pasar el tiempo.



Aquí empezó todo. La historia de mi familia hasta más allá de los ocho apellidos... Sus calles, aromas y lugares que me emborrachan de vivencias nunca olvidadas. 
Sonidos, juegos, sabores y colores, secretos de infancia marcados en la memoria con brasas de una ley no escrita, la de la atracción natural. Es el presente de mis recuerdos, son manos húmedas y arrugadas, besos de metralleta, lágrimas secas en un mandil a cuadros, son huellas de mis muertos, caricias al tacto del amor más puro, el que duerme en las entrañas del alma. El que morirá conmigo.
Aquí está viendo pasar el tiempo…

jueves, 20 de enero de 2022

El sabor de la vida.



En el hierro de la cocina siembre había un viejo pucherino de lata descascarillada, de color parecido al marrón, con una sola asa y tapa redonda con visagra. Dentro, un colador de trapo que algún día debió de ser blanco y tres dedos de posos empapados en su jugo de café.

En el zaguán y la mesa camilla, un matamoscas rectangular, de plástico de colores y con un largo mango de alambre retorcido. Un brasero de picón sin tapa, una pala para revolverlo y un botijo de barro sudoroso.

El tapete era de ganchillo y posaba sobre otro más grande de cuadraditos de lana. Todo hecho a mano.

La puerta de casa era de madera, muy pesada, pintada de marrón y dividida en dos cuerpos por su mitad, con pasador de hierro en el interior de la parte de abajo que se abría simplemente metiendo el brazo por arriba. Abajo, una gatera con cortina de “escay” para el paso libre de los michinos. Nunca conoció llave que la cerrara. Por fuera, un escalón donde sentarse, ver pasar la vida y charlar con quien terciara.

La salida al corral la marcaba una cortina anti-moscas, hecha de boliches de alargados de plástico, de muchos colores y atravesados por el alambre que los unía.

La vida olía diferente, era calor de pan caliente, olor a porras y fragancia a café del pucherino, un viejo pucherino de lata descascarillada de color parecido al marrón…

La vida sabía diferente.

lunes, 27 de septiembre de 2021

La vida en un rodillo.

Paseamos por el pasado, caminamos por la travesía, una senda de recuerdos a modo de pasarela de sensaciones, ruidos y aromas que toman posesión de mi infancia. Son imágenes en sentido contrario al tiempo, es una vida dentro en un rodillo que no va a ningún lado.
Ella siempre madruga, a mi me despierta con el tiempo justo para evitar la flama. 
Donde hoy está el estanco estaba la churrería. Una porrina para chupar y de vuelta a casa. 
Con brío se planta la tina en la cabeza y salimos camino del tinao. Primera parada en casa de tía Paula, que con rápido caminar acude a su voz por el pasillo mientras se seca las manos en el mandil. Huele a pan, el horno de Las Cabeceras me inunda de amor.
Viene un día de calor, el día no admite nubes y un sol despiadado ilumina las sombras. Voy delante abriendo camino a la aventura, rechazo su mano, terriblemente ya me creo mayor. Planta la tina en el chorro y nos sentamos en el cancho, en el de siempre, en la terraza de la vida y mostrador del futuro. Yo le hablo, me mira y sonríe, tengo su mano muy cerca y la ignoro, no se la cojo... son recuerdos dentro de un rodillo que gira una y otra vez, que no van a ningún lado. 

domingo, 15 de agosto de 2021

Sueños de día


Los sueños amasan deseos con realidades, ansias con caprichos imaginarios , verdades a medias con inventos en defensa propia.
Era un día frío, de aquellos en los que no nos dejaban salir a la calle, estoy sentado en la cocina, leyéndole un relato infantil de aquellos con moraleja en los que los niños buenos eran premiados con el cielo y los malos iban al infierno para escarmiento. Ayer tocó ciencias naturales de la manoseada enciclopedia Alvarez. 
Ella no sabe leer pero le encanta saber y escuchar. Mientras tanto, trajina entre el fuego y ollas grandes de color teja. Mi abuela hace milagros y lo mismo puede dar de comer a 10 que a 20, a cualquiera de los que cada día entra en casa y saluda cuando llega a la cocina.
Estoy allí decía, sentado detrás de ella, su recortada silueta echa leña al fuego entre chasquidos que a mí me hacen saltar pero que ella, reina domadora de dragones ocultos enfrentaba impasible, en su sitio de escucha, bajo el cordel de tender la ropa o la chacina, lo que hiciera falta secar.
Yo la leo, soy su orgullo por ello, pero no sabe que ella es mi heroína, la que doma mis miedos, la que me educa sin saber leer, la que me enseña a ser bueno, a besar y no poner la cara, la que me enseña a ser feliz.
Pdta.- Día 22 de confinamiento. Seguimos en ello, que no decaiga el ánimo, cada día queda un día menos para volver a empezar.