domingo, 15 de agosto de 2021

El trapo amarillo

El trapo amarillo lo inventaron nuestras abuelas. La mía tenía uno que no era exactamente un trapo ni tampoco era amarillo, era una especie de pañuelo-balleta-paño que vivía en el bolsillo central de su mandil.

Era un trapo público y multiusos que lo mismo te lavaba la cara y limpiaba los mocos (aunque más que limpiarlos te los arrancaba) que curaba heridas de las rodillas o lamía del suelo el agua que lloraba el botijo. Era un trapo para todo…

Su textura era variada pero nunca suave, podía ser de tejido telgal, tela, o lienzo, cualquier retal valía mientras arañara la piel, lo que venía a ser suave lija del doce. Se usaba seco o empapado dependiendo de su primer uso, que por cierto condicionaba sensaciones al que viniera detrás.

Lo del color era otra historia, digamos que era de tono mutante dependiendo del día, el uso y sus circunstancias, alternaba verde de flemas con negro de la pala del brasero o rojo oxidante sanguíneo, depende de la ocasión.

El caso es que recuerdo aquel trapo como un entrañable harapo amarillo, arrugado, rugoso y siempre mojado que secaba sus ojos y recogía emociones de risa y pena, de alegría y dolor, recuerdo un trapo bendito en unas manos rotas de trabajo, paz y amor.


martes, 1 de junio de 2021

Ojalá pronto.



Quizás esto pase pronto, quizás pueda acercarme de nuevo a la reserva natural de mis recuerdos, con mucho calor, con cascadas de sol, con olores que hipnotizan y sonidos que duchan amor.

Quizás pronto pueda disfrutar de nuevo de esas charlas a cara descubierta que tanto me gustan, esas miradas tan fáciles de entender, esos sabores que se apoyan en el alféizar de mi memoria … en la ventana que da a mi tierra, atento a no pensar. Y cerraré los ojos apoyando los pies en las risas de sus bobadas, oliendo a cuero viejo y humo blanco, allí donde nos sentábamos a vivir.

Ojalá pronto pueda estar por momentos en mi sitio, donde nace la eternidad de mis muertos, bajo la jardinera que mira a mi presente, donde todo el día pega el sol.

Ojalá pronto..

jueves, 15 de abril de 2021

Más que una colonia.

No creo que le importara su tipo de perfume y tengo casi la certeza de que la usaba porque se la habrían regalado cualquiera de mis tíos, igual le daba si le iba o no bien.

En el patio estaba la pila de lavar y sobre ella anclada en la pared una balda de madera donde siempre había un bote de colonia, un bote grande, muy grande, yo diría que casi de un litro de Varón Dandy. 

Ayer, muchísimos años después he vuelto a ver esa colonia en una perfumería, evidentemente no pude resistirme a olerla y mmmmmmmm, olía bien, era una extraña mezcla de sándalo, bergamota o algún otro cítrico parecido de aroma fuerte aunque agradable y por cosa de mi sinestesia con olores, personas y lugares, ese aroma me cae especialmente bien y aunque mi abuelo tuviera aquella colonia por casualidad y seguro que por ser barata, ese aroma hoy sigue combinando perfectamente con su traje de pana y barba de cuatro días, su boina, voz y su manera de expresarse, tanto que si hoy me hablara podría venderme cualquier cosa si quisiera.

Es una colonia de su talla exacta con un perfume que da confianza, que exhala respeto a la palabra dada, a los que estrechan su mano con fuerza mientras te miran a los ojos. Olor a mi abuelo 

No es de mi talla, es una colonia de suma honradez, dignidad y orgullo familiar, su aroma me queda grande, si no, me la compraría.

jueves, 4 de marzo de 2021

Un beso de buenas noches.



Mi padre está a punto de cumplir 85 años y su pasión es San Vicente. Hablamos muchísimo de él, de sus calles, sus parajes, de su rostro amable. Sonríe, abraza su pasado sin disimulo, me cuenta mil veces lo mismo, con la misma mirada, con repetida causalidad. Lo hace con ganas de mirar, con nostalgia sin reparar. Son recuerdos con estela, con repentinas danzas entre silencios musicales relegados por borrones de la memoria, entre notas lejanas de parientes cercanos, entre gestos imantados por el amor a sus raíces y su familia.

San Vicente es su pasión, es aire de fuelle que aviva las brasas de sus recuerdos arrasando las tinieblas del olvido, que siembra vellos de punta y acaricia la piel de su emoción. 

San Vicente es su pasión, es la dulzura de un hombre bueno, de un buen hombre de 85 años que ama a su tierra.

San Vicente es su pasión, su beso de buenas noches.


lunes, 4 de enero de 2021

Mi pueblo es así.


Mi pueblo es así, es un abrazo a palma abierta que transmite entre sus dedos la paz de los recuerdos, de un calor que al contacto riega la memoria y aviva las raíces, un amor que no empacha, que ceba la pasión por el lugar donde nace nuestra vida, donde mora el tacto inolvidable de unas manos arrugadas restregadas en un viejo mandil a cuadros.

Mi pueblo es una porrina rellena de ternura, de fragancia y amor que con su roce abre paso a la memoria. Es la historia de un flechazo perpetuo, es una carta interminable sangrada en tinta indeleble, una devoción sin arrugas, sin doble filo. Mi pueblo es así.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Pan de vida.

Hoy hemos hablado de ello. Es automedicación emotiva, un fármaco inhalado a través de la piel. Algunas cosas han cambiado, no lo vamos a negar, han cambiado. Ya no pisamos el empedrado, las casitas de los Valles ahora no son tan altas, las puertas ya no son medianas de gruesa madera marrón y clavos con gran cabeza. Ya no están las abuelas sentadas en la calle, pero por lo demás, todo sigue igual.

Sigue oliendo a pan, a ese aroma siempre presente entre el "jurmiento" del ayer, olores de mi vida, de brasero y pan frito, porrinas y pollo escaldado recién desplumao, matanza en el corral y gazpacho de poleo, bacalao con pimiento colorao, corcho gastado y cochino en el tinao.

Es sentirlos, notar la presencia, son tímidas sonrisas entre historias tristes, evocar a los muertos al son de relatos vivos, narraciones calcadas en el tiempo como muestra de la verdad, del olor a pan de vida, a recuerdos de amor. 

martes, 17 de noviembre de 2020

Una vez más

No hay lugar más vivo que el sitio donde descansan los recuerdos, un camposanto viviente, calles que sonríen al pasado ausente, de silencio estático atravesado por rayos de memoria. Un pequeño mundo que te rodea expectante, aguardando el paso de imágenes sonoras, de un temporal de recuerdos incompletos bañados entre salteadas nubes de amor.
No se nota el soplo del tiempo, es madera curada, paso de vida que si tocas refleja tu sed, un irrefrenable deseo de poner a prueba una vez más los recuerdos.Temple vivo, blanco, cálida cal que sin prisa se deja tocar, señales que no necesitan ser leídas, sólo sentidas una y otra vez,  una vez más.