jueves, 15 de abril de 2021

Más que una colonia.

No creo que le importara su tipo de perfume y tengo casi la certeza de que la usaba porque se la habrían regalado cualquiera de mis tíos, igual le daba si le iba o no bien.

En el patio estaba la pila de lavar y sobre ella anclada en la pared una balda de madera donde siempre había un bote de colonia, un bote grande, muy grande, yo diría que casi de un litro de Varón Dandy. 

Ayer, muchísimos años después he vuelto a ver esa colonia en una perfumería, evidentemente no pude resistirme a olerla y mmmmmmmm, olía bien, era una extraña mezcla de sándalo, bergamota o algún otro cítrico parecido de aroma fuerte aunque agradable y por cosa de mi sinestesia con olores, personas y lugares, ese aroma me cae especialmente bien y aunque mi abuelo tuviera aquella colonia por casualidad y seguro que por ser barata, ese aroma hoy sigue combinando perfectamente con su traje de pana y barba de cuatro días, su boina, voz y su manera de expresarse, tanto que si hoy me hablara podría venderme cualquier cosa si quisiera.

Es una colonia de su talla exacta con un perfume que da confianza, que exhala respeto a la palabra dada, a los que estrechan su mano con fuerza mientras te miran a los ojos. Olor a mi abuelo 

No es de mi talla, es una colonia de suma honradez, dignidad y orgullo familiar, su aroma me queda grande, si no, me la compraría.

jueves, 4 de marzo de 2021

Un beso de buenas noches.



Mi padre está a punto de cumplir 85 años y su pasión es San Vicente. Hablamos muchísimo de él, de sus calles, sus parajes, de su rostro amable. Sonríe, abraza su pasado sin disimulo, me cuenta mil veces lo mismo, con la misma mirada, con repetida causalidad. Lo hace con ganas de mirar, con nostalgia sin reparar. Son recuerdos con estela, con repentinas danzas entre silencios musicales relegados por borrones de la memoria, entre notas lejanas de parientes cercanos, entre gestos imantados por el amor a sus raíces y su familia.

San Vicente es su pasión, es aire de fuelle que aviva las brasas de sus recuerdos arrasando las tinieblas del olvido, que siembra vellos de punta y acaricia la piel de su emoción. 

San Vicente es su pasión, es la dulzura de un hombre bueno, de un buen hombre de 85 años que ama a su tierra.

San Vicente es su pasión, su beso de buenas noches.


lunes, 4 de enero de 2021

Mi pueblo es así.


Mi pueblo es así, es un abrazo a palma abierta que transmite entre sus dedos la paz de los recuerdos, de un calor que al contacto riega la memoria y aviva las raíces, un amor que no empacha, que ceba la pasión por el lugar donde nace nuestra vida, donde mora el tacto inolvidable de unas manos arrugadas restregadas en un viejo mandil a cuadros.

Mi pueblo es una porrina rellena de ternura, de fragancia y amor que con su roce abre paso a la memoria. Es la historia de un flechazo perpetuo, es una carta interminable sangrada en tinta indeleble, una devoción sin arrugas, sin doble filo. Mi pueblo es así.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Pan de vida.

Hoy hemos hablado de ello. Es automedicación emotiva, un fármaco inhalado a través de la piel. Algunas cosas han cambiado, no lo vamos a negar, han cambiado. Ya no pisamos el empedrado, las casitas de los Valles ahora no son tan altas, las puertas ya no son medianas de gruesa madera marrón y clavos con gran cabeza. Ya no están las abuelas sentadas en la calle, pero por lo demás, todo sigue igual.

Sigue oliendo a pan, a ese aroma siempre presente entre el "jurmiento" del ayer, olores de mi vida, de brasero y pan frito, porrinas y pollo escaldado recién desplumao, matanza en el corral y gazpacho de poleo, bacalao con pimiento colorao, corcho gastado y cochino en el tinao.

Es sentirlos, notar la presencia, son tímidas sonrisas entre historias tristes, evocar a los muertos al son de relatos vivos, narraciones calcadas en el tiempo como muestra de la verdad, del olor a pan de vida, a recuerdos de amor. 

martes, 17 de noviembre de 2020

Una vez más

No hay lugar más vivo que el sitio donde descansan los recuerdos, un camposanto viviente, calles que sonríen al pasado ausente, de silencio estático atravesado por rayos de memoria. Un pequeño mundo que te rodea expectante, aguardando el paso de imágenes sonoras, de un temporal de recuerdos incompletos bañados entre salteadas nubes de amor.
No se nota el soplo del tiempo, es madera curada, paso de vida que si tocas refleja tu sed, un irrefrenable deseo de poner a prueba una vez más los recuerdos.Temple vivo, blanco, cálida cal que sin prisa se deja tocar, señales que no necesitan ser leídas, sólo sentidas una y otra vez,  una vez más.


martes, 15 de septiembre de 2020

Días para vivir.

La estancia se sabía como la crónica de un amor anunciado. De cero días largos en los que no ha sobrado un minuto para la recarga, abrevando sentimientos sin contención ni costura, de paseos por calles que no se rinden aún un millón de veces antes pisadas. Días de leer imágenes, tanto o más importante que leer palabras, observar es algo que me da vida, sólo hay que contemplar algo para entenderlo, días sin prisa para mirar, para sentir con lentitud, para fumar vida. Para estar a gusto. Para ser vividos.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Sonrisas cansadas.

Mi abuelo es de sonrisa cansada al anochecer. Está sentado frente a la camilla del zaguán, fumando, con camisa blanca de tirantes, oliendo a jabón "Lagarto" y con vestigios diseminados de espuma de afeitar en su rostro. 

Sale de casa pronto y regresa más allá de la media tarde. Al volver y tras asearse en la pila del patio, enjabona hasta el infinito una brocha de pelo largo con base de nácar blanco que comparte conmigo. Me siento mayor oliendo como él.

Usa una maquinilla "Palmera" que pesa mucho, con dos hojas que se abren girando la parte inferior del mango. Después de cada uso guarda la cuchilla en su cajita de cartón, seca y envuelta en su papel original. No me la deja tocar. Se rasura sin prisa pero sin demasiada atención, siempre le queda barba rebelde entre sus arrugas. Su piel suena, es un continuo chasquido al paso de la maquinilla, yo lo disfruto embelesado, le pregunto si duele y me contesta como siempre, con su cansada sonrisa.