martes, 1 de enero de 2019

Tras la puerta del tinao.


Allí, tras la puerta del tinao duermen íntimos momentos, voces, ruidos, gruñidos y risas que no han pasado impunemente, que no son sólo recuerdos pasajeros.
Allí duermen auténticas estampas que marcaron mi vida, sonrisas imborrables y caricias arrugadas que dejan huella en la edad y el sinfín de mi cariño, recuerdos nutridos de aromas y sensaciones, de belleza posada y sentimiento sin letra pequeña, de esencia pura y presente en imágenes vivas de una sonrisa y rostro inolvidable, sin nada de pensar ni planificar, sólo amor sin letra pequeña.
Tras la puerta del tinao duerme la presencia de su vacío, recuerdos que endulzan su memoria y embellecen mi vida, tras la puerta del tinao.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Avanzando al pasado


Avanzando al pasado se sienten pieles sin maquillar, se recuerdan rostros indefinidas en imágenes de gente, recuerdos que vuelven de tinieblas vivas, caras que no merecen morir, timbres de voz que viven en la profundidad del oído, ruido de pelotas que botan en el empedrado, boliches que ruedan en un suelo ardiente, a la puerta del Litri, esperando la fresca imposible en el Cristo.
Avanzando al pasado, con la emoción a horcajadas sobre la barra de una vieja bicicleta, con las rodillas negras en pantalones cortos, corriendo por vivir sin prisa y la naturalidad de ser feliz.
Avanzando al pasado brotan letras que niegan el olvido, con sabor a imágenes de desembolsadas del vacío, con el paladar de mil sabores volcados en la eternidad de unas palabras. 
Avanzando al pasado te encariñas contigo mismo, con el amor por tu tierra, el cariño de tu gente, la pasión por San Vicente.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Creer.


Siempre he sido agnóstico por ignorante salvo en lo que creo. Creo que el amor no se estudia en la facultad, que nunca he creído en más física que el roce ni más química que la mirada, creo en los números de la palabra aunque se la lleve el viento, en el detalle imperceptible de la expresión, en la franca mirada a un pasado sincero, en una historia verdadera, la de los ojos que no necesitan ver.
Creo en la salpicadura de la emoción, la sonrisa del calabobos, el calor del recuerdo, el cariño del aroma y el beso del deje, creo en el color blanco de unos canchos negros, en el pan teñido de patatera, en la oscuridad de la cominera y en el calor de la porrina, creo en la sonrisa.
Creo en la complicidad de la comodidad, en las preguntas de mi nieta con respuestas de mi abuela, creo en la historia de mi pasado contada por mi tío Foro, en la alegría de Deli cuando me ve, en el beso de Paquí, el abrazo de Julio y la tierna sonrisa de los Corchado, creo en el cariñoso trato de los Litri, en los "lambuceros" de María Luisa y las desatadas risas de mi prima Toñi, creo en el favor desinteresado y porque si, en la charla fácil y el saludo del amigo de tu amigo que en amigo te convierte, creo en la querencia a mi tierra y mi gente, creo en la verdad de San Vicente.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Otro cantar.


Tenía una habilidad sorprendente y en un pispás te hacía la faena. Aquello me podía. Para mí era otro cantar, de hecho creo que debí de presenciarlo una sola vez, el resto lo suponía más que nada por la evidencia de los tenebrosos vestigios que iba dejaba mi abuela.
Recuerdo un pitas pitas por aquí y mucho alboroto en el corral y cuando te dabas cuenta te veías rodeado de un muy peculiar y penetrante olor a pelo quemado, una granulada piel de un amarillo tétrico a más no poder y plumas encogidas en un barreño flotando. Lo de las patitas con cuatro dedos puntiagudos junto a una encrestada cabeza de gallo degollada era otro cantar…
Mi abuela era una sonrisa permanente, una mujer muy madre y abuela y sobretodo muy feliz, maravillosa y extremadamente cariñosa pero, cuando pillaba la faca en el corral… aquello era otro cantar. Y no de gallo precisamente.

lunes, 29 de octubre de 2018

La memoria.

La memoria aflora las sonrisas sembradas en tus recuerdos, reúne en sus palabras la cosecha del amor que te regaron, hace presente la idílica lógica del corazón, ventila nombres que te suenan, apodos conocidos y anécdotas mil veces vividas.
La memoria levanta la persiana de la vida, te pone al corriente de ti mismo, te carga las pilas de realidad, de aquellos gestos, de aquel tiempo compartido con los protagonistas de historia inacabada.
La memoria te enciende el alma con ensoñados relatos de tu pasado, con la aterciopelada luz de la verdad y el dulce aroma del cariño, te canta con acento emocionado, te habla con cercanía de un pasado lejano, con el timbre de tu sentimiento, con tus raíces como fuente del recuerdo, de una verdad lapidaria, de una vida pasada pero conocida, pública y sin tapujos, con el orgullo de la verdad y la dignidad de la humildad.
La memoria hace presente la desbocada risa de tu abuela, su moño, su arrugada mano y sus besos de metralleta, la memoria es un trozo de cielo donde por siempre vivirá el amor.



jueves, 27 de septiembre de 2018

Imágenes a mi nombre.


Recuerdos sueltos de un pasado presente, imágenes a mi nombre, sonido de voces y acento de gente. Un pan de rojo teñido, una navaja vieja, una mesa camilla, un zaguán caliente, un corazón abierto, un reloj sin tiempo que marca el presente.
Un mandil doblado, un tapete de ganchillo, medias negras, muda blanca, patio abierto y deberes de cuadernillo.
Un tebeo viejo, una cesta de mimbre, un botijo en el suelo, una puerta sin timbre. Un gallo portugués, un amor de antes, una pasión después.
Un paseo al tinao, sandalias cruzadas, polvo entre los dedos, tinaja en la cabeza, ermita abierta, rezos y credos.
Pantalón corto, rodilla marcada, pelota de cuero y amor en la mirada. Colchón de lana, olor a abuelo y chaqueta de pana.
Es vida al otro lado del tiempo, de un viaje de recuerdos sueltos, de sensaciones  y lágrimas a destiempo. 
Son imágenes a mi nombre.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Cosas importantes.


Hoy me he dado cuenta que en casa tengo cosas importantes, tan importantes que no son sólo cosas. Su existencia es toda una paradoja, es una cosa que está ahí, con la puerta del armario cerrada, sin propietario recordado, guardando memoria de un olvidado con la paciencia propia de las cosas que se saben con historia.
Son cosas viejas, tan importantes que no son sólo cosas, son cosas entrañables, antiguas, cosas paradas en el tiempo, venidas de mi pasado y mi historia. Cosas que están ahí, con la puerta cerrada, cosas con la paciencia de las cosas que no son sólo cosas.