lunes, 18 de marzo de 2019

Un lugar en condiciones.


Andrea lo hace cada día, cargada con la tina camina hacia los gruñidos del tinao. Es un corto camino que nunca acaba, un trayecto de mil paradas, a todos regala saludos sin saco roto, voces bordados en su sonrisa, en amor a la intemperie. 
Un niño va delante de ella, conoce el camino aún sin verlo, juntos conforman una imagen indivisible sólo separada por un espacio vital, se adaptan moldeables por el mutuo amor, sin esquina, grieta ni doblez.
Llegan al tinao, los Canchos Blancos son su refugio, un lugar en condiciones, un sitio lejos de la rutina y la cocina, un rincón de tiempo sin presupuestar ni prisa subrogada. Un lugar en condiciones donde pelear y batir a monstruos que nunca podrán con ellos, un lugar donde defenderla con su espada de palo.
Si mañana amanece ese niño la seguirá recordando, la salvará del monstruo del olvido..

sábado, 23 de febrero de 2019

Somos memoria.


Lo que más disfruto de mi pueblo es pasear por uno de mis lugares favoritos, el "Valle Segundo", la calle donde vivían mis abuelos. Allí me siento, siento mi pasado, y le hablo a mi nieta de mi familia y los momentos vividos.
Pasear por allí es buscar en el aire retales muertos y poder dar con alguien que te los reviva, alguien que por la "pinta" te saque y te hable de tu pasado.  Al poco tiempo, la charla te hablará del pueblo, de la gente que ambos conocéis, de tu familia y sobre todo de la vida de tus muertos.
Te recordarán personas, caras, colores y aromas que ya no están pero existen en la memoria de la forma única y personal en que nos acordamos de las cosas y la gente que importa, de los buenos y malos recuerdos.
Yo ya empiezo a ser memoria,  el único guardián de mis recuerdos, de las estampas vividas en otros tiempos. Empiezo a ser un guardián de mis recuerdos y espero serlo digno para transferir a mis nietas del amor por mi pasado, la pasión por mi tierra y el orgullo de mi gente.
Somos memoria, somos pasado y presente. El futuro, está por venir.

Amor a borbotones.


A pesar de los años, de haber mudado todas las tallas habidas y creo que por haber, aún hoy, cuando ya empiezo a cansarme subiendo escaleras, sigo soñando.
Los sueños son momentos en blanco vestidos con mandil a cuadros negros, tiempo flotante con forma de la paz, ratitos en defensa propia conscientes del onírico por puntual disfrute de unas manos marcadas con miles de arrugas, de sabrosas caricias y sensaciones de las que brotan aromas inolvidables, olores a recuerdos que se reparten por las calles del pueblo como generosa cortesía de mi pasado.
Sigo soñando con una desdentada sonrisa sentada en la puerta de casa, una mujer de alegría permanente que despide amor a borbotones, una sonrisa siempre hacendosa a la que aún hoy echo de menos sin bruma ni distorsiones, con la nitidez de un amor total y transparente.
A pesar de los años sigo soñando sin incidencias y en mis mejores sueños sueño que me despierta, y que lo hace con uno de aquellos interminables besos de metralleta, besos de un amor incontenible, total y a borbotones.
Ese sería mi sueño.

La vuelta de la historia.


Vuelve la historia. Su mochila es demasiado grande aunque no pese, prefiero cargar yo con ella. Va dos metros por delante de mí, con la cabeza gacha, mirando sus manos, o sus pies, o contando los baldosines (veo moverse sus labios y señalar con su dedo) que va pisando unos sí y otros no.
Se inclina ante una planta, las manos en sus rodillas desnudas, coge una flor blanca y pequeña, continua caminando jugando con ella. De pronto, sin más razón que la de ser una niña, echa a correr unos metros. Luego sigue caminando, sus ojos en la flor, se gira, me mira, sonríe, viene a mi y me coge de la mano. Me habla de sus cosas, unas no tienen nada que ver con las otras pero le demuestro con la atención que todas me importan mucho, son cosas importantes para ella, es lo que importa, las cosas importantes de su vida. La vuelta de la historia.


martes, 1 de enero de 2019

Tras la puerta del tinao.


Allí, tras la puerta del tinao duermen íntimos momentos, voces, ruidos, gruñidos y risas que no han pasado impunemente, que no son sólo recuerdos pasajeros.
Allí duermen auténticas estampas que marcaron mi vida, sonrisas imborrables y caricias arrugadas que dejan huella en la edad y el sinfín de mi cariño, recuerdos nutridos de aromas y sensaciones, de belleza posada y sentimiento sin letra pequeña, de esencia pura y presente en imágenes vivas de una sonrisa y rostro inolvidable, sin nada de pensar ni planificar, sólo amor sin letra pequeña.
Tras la puerta del tinao duerme la presencia de su vacío, recuerdos que endulzan su memoria y embellecen mi vida, tras la puerta del tinao.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Avanzando al pasado


Avanzando al pasado se sienten pieles sin maquillar, se recuerdan rostros indefinidas en imágenes de gente, recuerdos que vuelven de tinieblas vivas, caras que no merecen morir, timbres de voz que viven en la profundidad del oído, ruido de pelotas que botan en el empedrado, boliches que ruedan en un suelo ardiente, a la puerta del Litri, esperando la fresca imposible en el Cristo.
Avanzando al pasado, con la emoción a horcajadas sobre la barra de una vieja bicicleta, con las rodillas negras en pantalones cortos, corriendo por vivir sin prisa y la naturalidad de ser feliz.
Avanzando al pasado brotan letras que niegan el olvido, con sabor a imágenes de desembolsadas del vacío, con el paladar de mil sabores volcados en la eternidad de unas palabras. 
Avanzando al pasado te encariñas contigo mismo, con el amor por tu tierra, el cariño de tu gente, la pasión por San Vicente.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Creer.


Siempre he sido agnóstico por ignorante salvo en lo que creo. Creo que el amor no se estudia en la facultad, que nunca he creído en más física que el roce ni más química que la mirada, creo en los números de la palabra aunque se la lleve el viento, en el detalle imperceptible de la expresión, en la franca mirada a un pasado sincero, en una historia verdadera, la de los ojos que no necesitan ver.
Creo en la salpicadura de la emoción, la sonrisa del calabobos, el calor del recuerdo, el cariño del aroma y el beso del deje, creo en el color blanco de unos canchos negros, en el pan teñido de patatera, en la oscuridad de la cominera y en el calor de la porrina, creo en la sonrisa.
Creo en la complicidad de la comodidad, en las preguntas de mi nieta con respuestas de mi abuela, creo en la historia de mi pasado contada por mi tío Foro, en la alegría de Deli cuando me ve, en el beso de Paquí, el abrazo de Julio y la tierna sonrisa de los Corchado, creo en el cariñoso trato de los Litri, en los "lambuceros" de María Luisa y las desatadas risas de mi prima Toñi, creo en el favor desinteresado y porque si, en la charla fácil y el saludo del amigo de tu amigo que en amigo te convierte, creo en la querencia a mi tierra y mi gente, creo en la verdad de San Vicente.