jueves, 26 de octubre de 2017

Un lugar para sentir.


Es un lugar especial, un sitio sentido y para para sentir, para encontrarte contigo, con tu historia y pasado. Es una biblioteca sensitiva, son letras sentidas y talladas en libros libres, en vitales recuerdos muertos, de ausencias, un mundo de vidas sembradas en el olvido, en la presencia ignorada que motiva y conforma tu persona, tu presente y futuro, que marca tu vida y sentir.
Es la primera visita, es una llegada a la necesidad, a la sonrisa de aquellos juegos, aquellos besos y abrazos, aquella vida guardada en el almacén del olvido, en imágenes rescatadas a modo de emociones en el recuerdo. Es un paso por la mirada al interior, un breve paseo por el pavoroso silencio del pasillo que nos lleva al pasado, del presente que conforma mi orgullo.

Foto gentileza de Fátima Hernández Martín.

martes, 19 de septiembre de 2017

La receta del amor.

Paseando por el pasado, pensando de paso en personas casi sin rostro, grandes por humildes que me recuerdan una casa pequeña y acogedora, blanca de brocha gorda en palo largo, de puerta sin llave, en dos partida que invita a entrar, a sentirse a gusto y sentarse cómodo.
Son recuerdos gastados por el tiempo y protegidos por el uso, son tesoros rescatados del alma, untados de niñez, de amor puro, de gratos aromas y olores amables, de imágenes arrugadas. de mirada cristalina, de luz caliente, mandil mojado, zapatillas viejas, escobilla de afeitar y navaja afilada. Es un revolcón a la memoria, un rever de detalles, un vareo de la lana, de paliza alñ colchón, un beber del botijo que preside el zaguán, a llegar al patio donde lava la ropa, verla y mirarla, volver a imaginar sus arrugadas manos sacudiendo los nudos de la blancura, su expresión, donde entre pliegues del trabajo asoma su eterna sonrisa, donde brota la alegría.
Pensando en el pasado paseamos por la vida, por el hilo del tiempo y volvemos al ayer de los cajones por descubrir, los armarios por revolver y la eternidad de los recuerdos, imágenes sin luz donde duerme la verdad, donde posa la receta del amor.

lunes, 31 de julio de 2017

Con la mente en blanco.


Estaba yo pensando en lo que cabe en una mente en blanco, cómo en un recipiente tan pequeño pueden entrar tantas cosas y luego lo entiendo, así que se derraman y desbordan... 
Son mucho más que cosas, casas y casos, son sitios y lugares donde caben rostros y aromas, sol y canchos, tinas, botijos, mondonga y buche, donde caben luces sin sombra, idas y venidas, alegrías y penas, sonrisas y abrazos, gestos puros y besos castos.
Entra y ven, siéntate en la eternidad de los suspiros inacabados, en el amor de una mujer, la locura del querer queriendo, de los sueños muertos en recuerdos vivos, en verdades enteras sin mentiras a medias.
Estaba yo pensando en lo que cabe en una mente en blanco, voces amigas en murmullo alegre, sonrisas repetidas en reflejos sin espejo, lágrimas contenidas en nudos de garganta, añoranza sin melancolía, sentimiento en profunda flor de piel, vello erizado como un roce provocado, como una caricia controlada. 
Estaba yo pensando con la mente en blanco, donde caben miradas sin reojo ni sextos sentidos, donde se sienten a raudales los momentos libres, el placer sencillo de la humildad, estaba yo pensando en un lugar infinito sin espacios vacíos, sin huecos libres en el horizonte, donde todo lo ocupa el alma de los sueños muertos, de los recuerdos vivos, de las cosas, casas y casos vividos, de cigüeñas volando en un cielo sin nubes, del corcho apilado de alcornoques gigantes, de bellotas en el suelo y trigo en la era, una mente en blanco con horas de ida y kilómetros de vuelta donde cabe mucho más que todo, donde caben vidas muertas, donde cabe la permanente presencia en el aire de una abuela dándome lo que siempre me dio, todo lo bueno que pudiera tener y lo que no, vida desde su ida.
Con la mente en blanco... 

miércoles, 28 de junio de 2017

Desde antes de conocerte.


Supe que iba a quererte desde antes de conocerte, de tenerte delante, desde el día que sin mirarte ya te vi diferente, desde aquel momento en que la vida nos presentó. Sé que te quiero porque sin querer haces que te quiera, porque con la nada transmites el extraño don de tu sencillez, porque me gana el orgullo de tu empatía, de mi historia en tu pasado.
Te querré siempre porque tu aire es mi caricia, tus ojos mi conjuro y tu mirada mi escalofrío, porque así lo siento, porque es una pasión que parte del nido de mis recuerdos, navegando por la edad, en el interminable y profundo  surco de mis arrugas.
Supe que iba a quererte, desde antes de conocerte, perdido por tu forma de ser, tu manera de vivir y tu modo de sentir.
Lo sabía y lo sé, siempre supe que iba a quererte, desde antes de conocerte.

sábado, 20 de mayo de 2017

Ocho horas.


Ocho horas no son nada, no son nada pero han bastado para distinguir la luz sin sombras, para leerte a doble cara y con tinta legible, para repasar el pasado cerrando los oídos y abriendo el corazón, para sentir la eterna primavera en el continuo florecer de los recuerdos.
No son nada pero han bastado para hacerme presente y revivir aquellas mañanas de cochinos y tinao con ella, para sonreír al aire, para sentir el calor de una charla confortable, para notar el afecto en la expresión de mi gente, para vivir la familia, conocer y reconocer nuevas personas.
Ocho horas no son nada, sólo son el impulso de los latidos, de la inconsciente voluntad, del placer del último sorbo y el ansia por la dosis de una droga emocional, ocho horas no son nada, no son nada pero bastan y han bastado para vivir con ventaja, para sentirlo y sentirme, para alimentar mi orgullo, para contar que los días pasan y en cada minuto hay una hora, en cada hora un día y en cada día un alarido, un tierno recuerdo, un amor infinito por mi pueblo, algo que como los recuerdos, no se pudren con el tiempo.
Ocho horas no son nada pero bastan y han bastado para respirar, para sentir mi presente con la dignidad de mi pasado.

jueves, 4 de mayo de 2017

Pana zurcida.


San Vicente está relleno de recuerdos, de pana zurcida, de melodía oída y voz sentida, de aromas perdidos y sensaciones vividas, de caminos por donde volver, pasados por repasar y futuros que dictar.
San Vicente es un sueño escogido, una sensación por rescatar, un veneno inoculado y el antídoto aplicado, es el tiempo perdido y la edad vivida, es abrazos por dar, manos por estrechar, besos que recibir y errores que repetir.
San Vicente es vital, es sueño capital, es castillos que idear, es máscara y cáscara por miedo a llorar, poco que decir y mucho que contar, melancolía callada en pasión disimulada.
San Vicente es el telón por correr, una historia por narrar, es trigo por moler y poesía sin recitar, es blanco bajo gris, negro sobre luto, coleta cana, trabajo y fruto, es colchón de lana, piel curtida, sensata locura y pena sentida.
San Vicente es tal, ni es verdad ni es mentira, es un cuento real y por mucho que te cuente, siempre será igual, es poco que decir y mucho que contar, está relleno de recuerdos, de melodía oída, de aromas perdido y emoción escogida, es un sentir... para toda la vida.


martes, 25 de abril de 2017

Como siempre.


Estamos sentados a la mesa camilla, ella no, ella lo hace aparte, en la esquina y sobre un tan viejo como usado asiento de corcho, el de siempre. No lleva puestos los dientes, como siempre, un trozo de pan danza en su boca mientras sus manos aguantan otro que desmiga restos en su mandil. Huele a pimientos asados y pollo frito.
Sonríe, como siempre. Las bromas de mis tíos provocan su contagioso alborozo, su alegría de vivir, su inolvidable disfrute y más que evidente ansia por vivir el momento. Vive para amar y reír disfrutando cada segundo con la intensidad de su querer, con su amor a borbotones. 
Sonríe, como siempre, es única. Mi madre y tía Marga le ayudan en la cocina, están de espaldas, todos ríen con ella, es la alegría, el centro de todo, es ella, mi abuela Andrea, la Quirina.
Se fue pero aquí está, donde siempre ha estado, en su viejo y usado asiento de corcho, con migas en el mandil y sonriendo, como siempre.