miércoles, 1 de abril de 2020

Confinamiento.


Ninguno nos imaginábamos ésto, a llegar a estar encerrados y prisioneros de nuestra propia vida, pero... mucho ánimo, esto pronto terminará y volveremos a la ansiada normalidad.
Yo lo estoy deseando como todos, ya pienso en escapar con la moto, en sentir la libertad de kilómetros sin rumbo y regreso sin prisa, en las pulsaciones justas de la paz y el alboroto de la serenidad. En escapar y como siempre acabar allí, al aroma de mis porrinas y la sombra de mis recuerdos, a solas conmigo y lejos del día a día, apartado en mi interior y atrapado en el gozo de las sensaciones, navegando en el pasado con los relatos de mi tío Foro, disfrutando de las bromas con Julio, la risa de Paqui, el calor de Mimi y el cariño de Juan Antonio.
Volveré a desayunas en casa de Dani, a asomarme al tinao, a subir por la Nora hasta sentarme dobre el silencio de la ermita, a mis paseos nocturnos entre callejeras y silenciosas sensaciones.
Mucho ánimo a todos, ya queda menos, pronto volveremos a la añorada normalidad.


Me encanta


Me encanta que me cuenten mi historia, como cuando mi tío Foro de relata secretos mil veces revelados, que me hable desde la verdad de un pasado con cada día menos testigos, que me cuente cosas que sé pero necesito volver a escuchar para saber que siguen ahí, que me cuente de nuevo como mi abuelo vendía queso en la Pared Nueva, de su huérfana niñez al amparo de la familia, de mil historias que alumbran la verdad de nuestra historia.
Me encanta el café en casa de mis padres, cunado con la "desconchá" en la mano y desde el sofá mi madre ejercita la memoria hablándome de su vida que es la mía, como cuando se tuvieron que casar de noche en una boda de luto, o cuando me cuenta mi padre que al día siguiente se fueron a vivir a un chozo en "Valdespinar"...
Me encanta que mi padre me cuente una vez más que cuando mi madre su puso de parto, mis tías "Porras" viendo como venía corrieron a llamar a D. Pedro Villalonga, pero fue D. Elías el que nos mandó ir a Badajoz a parir...
Sé que habrá un día que lo echaré mucho de menos, cuando no haya quien me lo cuente, que me hablen del qué, el cómo y el cuando, de la historia de mi pasado en San Vicente, de lo que con toda probabilidad morirá conmigo, la historia de mi pasado.
Me encanta.

jueves, 6 de febrero de 2020

Puertas sin felpudo.


Es un pueblo de artistas y artesanos, de abrazos sin coraza, de lento pasear entre el Cristo y la Plaza, de encuentros y saludos, de charlas en la calle Larga, de puertas sin felpudo y emoción que el alma embarga.
De vidas de San Vicente, de personas que ya no están, de recuerdos de nuestra gente que jamás se perderán. 

martes, 31 de diciembre de 2019

Pajarillos

Los recuerdos posibilitan que todo siga igual, que nada haya cambiado, son imágenes dueñas de la verdad y aromas plantados en el tiempo, sin orden ni guión, adornadas con amor y nostalgia al son de la melancolía y el influjo de la edad. 
Son una sana y extraña amalgama que mezcla una linterna de petaca con una rodaja de melón, una escupidera y un desconchón, un calientacamas de goma, una calle empedrada y una puerta marrón. Una tina en la cabeza, un rosario en la pared, una artesa de corcho y en la Charca... pajarillos presos en la red.
Feliz Año Nuevo.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Me encanta.


Mi pueblo trafica con psicotrópicos de amor en mis recuerdos menudeando con la sonrisa del querer, poco ha cambiado. Mi madre aún hoy me lo hace presente sin querer cuando me sigue diciendo que "aquello" era una "tejonera", que deje de "lambucear" con sus fotos, que estoy "falagaíto" y que de porrinas me pego una "pechá", que deje en paz a la "muchachina", que me siente con ella una "mihina" y que pare ya "enrrear".
Me encanta.

martes, 3 de diciembre de 2019

Un sentir a capela.


Mi pueblo es un código viejo, el tacto de un pantalón de pana, un valor en el espejo, una tierra que flama, en la charca un reflejo y un mandil sobre la cama. Es una piel arrugada, un amor en la retina, un alma de hiel y la amistad de una vecina. Una limonada con Miguel, un botijo en el mantel, un buche en la cocina y una cucharada de miel.
Es una puerta sin llave, una alforja de tesoros, un silencio que no calla, un velatorio de lloros. Un tiempo vividouna edad lejanaun principio intensivo, una boina de lana. Es un presente que estorba, una mancha en la camisa, un suspiro sanativo, un futuro con prisa.
Es una raíz compartida, un mapa estudiado, un amor sin salida, un sentir clonado, es un millón de sensaciones, un pañuelo de tela, una pasión sin versiones y un sentir a capela.






lunes, 25 de noviembre de 2019

Un pañuelo. dos horquillas y una dentadura.


Un pañuelo, dos horquillas y una dentadura. A mi abuela Andrea le lloraban los ojos y siempre llevaba un pañuelo blanco bajo la manga izquierda de la camisa, a la altura de la muñeca. Aquel pañuelo era "multiusos", lo mismo recogía sus lágrimas, gotas que de ella brotaban porque sí, como me limpiaba los mocos, se secaba el sudor o curaba mis piteras. Un pañuelo para todo.
Siempre llevaba moño y se lo hacía con una destreza y perfección rodada en años de práctica, no la recuerdo con otro peinado. Mientras con la mano izquierda agarraba la mata por su base, con la derecha retorcía en un círculo su canoso cabello aguantando entre los dientes un par de horquillas que rematarían su obra.
Tenía dentadura postiza pero le daba igual, nunca se la ponía, los dientes dormían en un tétrico y transparente vaso con agua, no había forma. A mi me hacía gracia verla comer sin dientes, la imitaba masticando exageradamente con los labios y se partía de risa...
Un pañuelo, dos horquillas y una dentadura.