lunes, 4 de enero de 2021

Mi pueblo es así.


Mi pueblo es así, es un abrazo a palma abierta que transmite entre sus dedos la paz de los recuerdos, de un calor que al contacto riega la memoria y aviva las raíces, un amor que no empacha, que ceba la pasión por el lugar donde nace nuestra vida, donde mora el tacto inolvidable de unas manos arrugadas restregadas en un viejo mandil a cuadros.

Mi pueblo es una porrina rellena de ternura, de fragancia y amor que con su roce abre paso a la memoria. Es la historia de un flechazo perpetuo, es una carta interminable sangrada en tinta indeleble, una devoción sin arrugas, sin doble filo. Mi pueblo es así.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Pan de vida.

Hoy hemos hablado de ello. Es automedicación emotiva, un fármaco inhalado a través de la piel. Algunas cosas han cambiado, no lo vamos a negar, han cambiado. Ya no pisamos el empedrado, las casitas de los Valles ahora no son tan altas, las puertas ya no son medianas de gruesa madera marrón y clavos con gran cabeza. Ya no están las abuelas sentadas en la calle, pero por lo demás, todo sigue igual.

Sigue oliendo a pan, a ese aroma siempre presente entre el "jurmiento" del ayer, olores de mi vida, de brasero y pan frito, porrinas y pollo escaldado recién desplumao, matanza en el corral y gazpacho de poleo, bacalao con pimiento colorao, corcho gastado y cochino en el tinao.

Es sentirlos, notar la presencia, son tímidas sonrisas entre historias tristes, evocar a los muertos al son de relatos vivos, narraciones calcadas en el tiempo como muestra de la verdad, del olor a pan de vida, a recuerdos de amor. 

martes, 17 de noviembre de 2020

Una vez más

No hay lugar más vivo que el sitio donde descansan los recuerdos, un camposanto viviente, calles que sonríen al pasado ausente, de silencio estático atravesado por rayos de memoria. Un pequeño mundo que te rodea expectante, aguardando el paso de imágenes sonoras, de un temporal de recuerdos incompletos bañados entre salteadas nubes de amor.
No se nota el soplo del tiempo, es madera curada, paso de vida que si tocas refleja tu sed, un irrefrenable deseo de poner a prueba una vez más los recuerdos.Temple vivo, blanco, cálida cal que sin prisa se deja tocar, señales que no necesitan ser leídas, sólo sentidas una y otra vez,  una vez más.


martes, 15 de septiembre de 2020

Días para vivir.

La estancia se sabía como la crónica de un amor anunciado. De cero días largos en los que no ha sobrado un minuto para la recarga, abrevando sentimientos sin contención ni costura, de paseos por calles que no se rinden aún un millón de veces antes pisadas. Días de leer imágenes, tanto o más importante que leer palabras, observar es algo que me da vida, sólo hay que contemplar algo para entenderlo, días sin prisa para mirar, para sentir con lentitud, para fumar vida. Para estar a gusto. Para ser vividos.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Sonrisas cansadas.

Mi abuelo es de sonrisa cansada al anochecer. Está sentado frente a la camilla del zaguán, fumando, con camisa blanca de tirantes, oliendo a jabón "Lagarto" y con vestigios diseminados de espuma de afeitar en su rostro. 

Sale de casa pronto y regresa más allá de la media tarde. Al volver y tras asearse en la pila del patio, enjabona hasta el infinito una brocha de pelo largo con base de nácar blanco que comparte conmigo. Me siento mayor oliendo como él.

Usa una maquinilla "Palmera" que pesa mucho, con dos hojas que se abren girando la parte inferior del mango. Después de cada uso guarda la cuchilla en su cajita de cartón, seca y envuelta en su papel original. No me la deja tocar. Se rasura sin prisa pero sin demasiada atención, siempre le queda barba rebelde entre sus arrugas. Su piel suena, es un continuo chasquido al paso de la maquinilla, yo lo disfruto embelesado, le pregunto si duele y me contesta como siempre, con su cansada sonrisa.

lunes, 22 de junio de 2020

El amor mola


El amor por tu pasado no entiende de obsolescencia, es un traductor de sensaciones que recrea aromas, refuerza sabores, facilita respuestas sin preguntar, mide la humedad de un viejo mandil en el viento de la edad, sufre friegas con Chimbo en el latón de una vieja palancana, retuerce hasta el imposible prendas lavadas en la pila, pica migas con la pericia de un cirujano y limpia higos chumbos con la certeza de la prueba del nueve.
El amor por tu tierra rellena de vida los ayeres, cosecha verdades del camino, recoge pelos de punta entre recuerdos, blanquea con temple nubes del olvido, pisa hasta borrar las líneas de la cordura y desprecia con ternura el aburrimiento de la lógica y la supuesta sensatez de la edad. 
El amor es el Dios de los dioses, quien domina la perspectiva, para el tiempo a voluntad de la memoria y te vuelve niño al son de los recuerdos. 

Foto.- Internet.  

jueves, 18 de junio de 2020

Lluvia de recuerdos.

Llueven recuerdos, imágenes que caen bien, estampas en color grabadas a fuego en una mente ignífuga. 
Es un lugar con mar seco al fondo, un paraje, un paisaje, unos cochinos que gruñen y unos árboles gigantes. Sentado en la puerta del tinao un hombre de vida tenue, lleva una gorra de visera y viste traje de pana marrón con chaleco de tela negra y brillante. 
Una cadena plateada le une al tiempo que guarda en su bolsillo. Un reloj al que insufla vida dándole cuerda cada poco. Su reloj, un oscuro objeto de deseo de un hombre sin deseos conocidos. Huele a cuero y tabaco,
Llueven recuerdos, Pisar, pasar, posar y pensar. hermanarte contigo, sentir y sonreír, disimular el escape de una lágrima furtiva y contar, transmitir y dar vida al hombre de vida tenue.
Llueven recuerdos.